Cuba ya tiene su vacuna “Soberana”, México la “Patria”… ¿Se viene la “Nestor-K” en la Argentina?

La vacuna mexicana “Patria” llega a más de un año de los primeros casos del Covid-19 en México. Sin embargo, los trabajos de investigación en torno a su fabricación datan de diciembre del 2019, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó la presencia de un nuevo patógeno potencialmente peligroso y que, hasta la fecha, ha cobrado la vida de más de 2 millones 974 mil vidas.

En la actualidad, México registra 2 millones 291 mil 246 casos acumulados del Covid-19 y 210 mil 812 defunciones. Estas cifras colocan a nuestro país en el tercer lugar entre las regiones con las tasas más altas de mortalidad por el nuevo coronavirus -sólo por debajo de Estados Unidos (EU) y Brasil.

Entre las medidas para contener los efectos del SARS-CoV-2, las autoridades sanitarias han optado por distintas alternativas, como la ampliación de recursos hospitalarios, con la creación de mil ventiladores de asistencia respiratoria y el aumento de camas para tratar a los infectados por SARS-CoV-2, desde mediados de la primavera pasada.

(Agencia Reforma)

A estos esfuerzos, se suma la aplicación de al menos 12 millones 407 mil 626 de dosis de las vacunas disponibles contra el Covid-19. En este momento, la población inmunizada equivale al 2% de las personas que habitan en México.


La vacuna de Cuba “Soberana 02”, contra el coronavirus

Soberana 02 es el nombre de una de las cinco vacunas desarrolladas por científicos en Cuba que entró a la fase final de pruebas este mes. Inyectable, se prevén dos dosis de aplicación, con intervalos de dos semanas entre cada una, además de un posible refuerzo. Y aporta una novedad en la materia: no necesitará de congeladores para su mantenimiento.

Este miércoles, la primera dosis de la vacuna completó su ensayo en Fase III, según confirmaron directivos y científicos involucrados en el proyecto. 

En ese estudio se aplicó Soberana 02 primero a 44 mil ciudadanos como prueba experimental y se extendió a 150 mil trabajadores de salud de La Habana, en una “intervención” para obtener más datos del comportamiento del antígeno, aún cuando no está totalmente certificada.

El avance captó la atención de la ministra de Salud argentina, Carla Vizzotti, que se reunió con el embajador cubano en el país para explorar la posibilidad de una posible compra futura.

Soberana 02 es un desarrollo de proteína recombinante, la misma técnica utilizada por la empresa de biotecnología estadounidense Novavax en su inyectable.

Sus dosis conjugan el antígeno con una molécula portadora que, según los expertos cubanos, refuerza su eficacia y estabilidad.

Explican que la proteína genera una reacción inmune ante el virus mediante la incorporación de una toxina, en el caso de Soberana 02, la del tétanos. Ese método previene el ingreso del covid a las células.

A diferencia de otros desarrollos como los de Moderna, Pfizer o incluso la vacuna rusa Sputnik V, el caso de Soberana 02 no necesita almacenarse en congeladores.

Esa novedad podría ser un atractivo posterior para los países más pobres del mundo, a los que los costos y la carencia de equipos para mantener importantes cantidades de dosis congeladas a muy bajas temperaturas les produce complicaciones logísticas y altos costos.

Si el desarrollo de Soberana 02 tiene el éxito que sus desarrolladores prevén, podría poner a la isla en el camino de inmunizar a toda su población, como planean, en mayo. E incluso de iniciar exportaciones al extranjero a finales de año.

Los resultados completos de la etapa final del desarrollo se estiman disponibles para su publicación en junio.


¿Y la vacuna Argentina?

No es sólo medicina y humanitarismo, también existe un guiño al orgullo nacional, y no faltará el político de turno que quiera perpetuarse bautizando a la vacuna con su sello partidario. Es una práctica que existe desde la antigua Unión Soviética hasta hoy, y que nuestros vernáculos funcionarios copian a la perfección, aún en medio de cualquier crisis.

La combinación de pandemia, vacunación y proselitismo parece no encajar dentro del sentido común y las genuinas urgencias sanitarias: lo principal para los gobiernos es la etiqueta, a pesar de las necesidades de la gente que sólo desea sobrevivir al flagelo.

Sin embargo, los científicos insisten en que el objetivo principal debería ser difundir la salud. Cualquier otra ganancia, dicen, es simplemente un efecto secundario no deseado.-

Redacción, con datos de revista científica Sipse

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