Licenciado Gabriel Della Valle: Defensa de la alegría.

Un interesante articulo del Licenciado en Psicología, “Gabriel Della Valle” que nos hace reflexionar acerca de los tratamientos en adicciones y como recuperar la alegría perdida.

Lic.Gabriel Della Valle

Hace unos días en un grupo de pacientes en tratamiento por adicciones alguien dijo que estaba recuperando la alegría.

Se me ocurre analizar la diferencia entre la alegría genuina de quien está feliz porque va recuperando su autonomía, su capacidad de vivir libre de la cárcel que implica una adicción, y la risa o alegría de quienes están en plena carrera de consumo, presos de las sustancias que modifican su vigilia.

Esta diferenciación entre los dos tipos de risas o alegrías se remonta a La antigüedad.

En su ensayo:
“La risa y el humor en la antigüedad”, el Licenciado Javier Martín Camacho cuenta:

“En el Antiguo Testamento se establece una diferencia entre dos formas de risa, podemos suponer que existía una distinción en su uso habitual por aquellas épocas, en la lengua hebrea hay dos palabras distintas para marcar esta diferencia. La palabra ‘sakhaq’ que significaba ‘risa feliz’, e ‘iaag’ que hacía referencia a la ‘risa burlona’.

“Los pibes de la esquina la pasamos bien”, escuché decir en relación a los encuentros para consumir . Como en un ritual de suicidio colectivo se reúnen y en muchos momentos surge la risa, la de la complicidad , de estar haciendo algo prohibido, de saberse compañeros en un viaje de pérdidas y dolor sin fin. Es la risa del vacío, la del miedo terrible a enfrentar realidades no queridas. Es el encuentro de dos o más debilidades cómplices que buscan engañarse a si mismos, sosteniendo personajes con pies de barro.
Se miran y sus caras esbozan un gesto que quiere imitar a una sonrisa, “está todo bien”, se dicen mientras se dejan arrastrar por el vértigo del pozo al que caen. Esa risa es en realidad una mueca, una máscara de un efímero carnaval.

Según Spinoza el resentido es el esclavo de las pasiones tristes. ¿Cuáles son? Las siguientes: odio, aversión, burla, temor, desesperación, piedad, envidia, vergüenza, crueldad, cólera, rencor. Las pasiones alegres, por el contrario, serán: vitalidad, apasionamiento, amor propio, júbilo, admiración, valentía, orgullo, probidad, celebración, devoción, seguridad de sí, generosidad, simpatía, cortesía.

Gabriel Della Valle

Estas últimas son las que podemos ver cuando los tratamientos avanzan con éxito hacia la recuperación y autonomía de cada paciente.

Los tratamientos de recuperación no son fáciles ni veloces, llevan tiempo y requieren una parte de sufrimiento, de hacer algo diferente con el dolor, el adicto en carrera quiere esquivar el padecimiento, quiere negarlo, anularlo, que no exista, y por un momento, en el consumo lo logra, es un instante muy oneroso, porque se paga con años de la vida y salud, pero siempre es un intento fallido, el dolor queda allí, dando vueltas ,aguardando ese instante de lucidez para volver y mientras espera , el sufrimiento se va alimentando y crece.

Cuando el adicto empieza a retornar a un estado de mayor lucidez se sumerge en la desesperación, se encuentra con lo desagradable que esquivó agigantado, entonces la vuelta a la sustancia narcótica es la única salida que le aparece en su reducido horizonte. Y así en una carrera sin freno, el dolor como un alud se va alimentando y crece en su mismo recorrido.

En tratamiento hay otra alegría, una alegría que cuesta, que es lenta, que requiere esfuerzo pero que es genuina porque surge de la ganancia verdadera, de quienes logran empezar a recuperar sus afectos, sus objetos materiales, su salud, su libertad, su vida.
Cada tratamiento implica dolores, pero si el paciente logra comprender que lo que está haciendo es dando un giro a su vida, cada actividad que realice, sea cual fuere , si se lleva a cabo con alegría se hará mejor y representará menos padecimiento.

La alegría es considerada un estado mental caracterizado por sentimientos de amor, satisfacción y propósito, y está mucho más relacionado a lo que pasa en nuestro interior. Esta emoción se nutre cuando tomamos contacto con las personas que nos rodean, cuando luchamos por nuestros sueños, propósitos u objetivos en la vida.

La alegría es el mejor catalizador para llevar a término un tratamiento. como motor, como suavizante de la amargura y la congoja, como un conjuro ante la enfermedad.

La alegría lúcida. La que nombra Benedetti en su poema que transcribo..

Defensa de la alegría.
Mario Benedetti

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.

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